Reflexión de Las Buenas Nuevas
Miércoles de la Cuarta Semana del Tiempo Ordinario
1 de febrero, 2012
Lecturas del Día:
2 Samuel 24:2, 9-17
Salmon 32:1-2, 5-7
Marcos 6:1-6
Cuando las personas te rechazan
¿Hay alguien quién no acepta el nivel de fe que has alcanzado? Quizás ha sido acusado falsamente de hacer algo que nunca harías. O quizás te han ignorado para una tarea que eres capaz de hacer y que te gustaría hacer.
Lo mismo le sucedió a Jesús en la lectura de Evangelio de hoy.
Las buenas nuevas son que aún en nuestro lugar nativo, donde las personas son más probables de desconfiar de los cambios en nosotros, Dios nos da nos aliados y partidarios.
Toma, por ejemplo a Santiago, uno de los hermanos mencionados en este pasaje del Evangelio. (El fue un hermanastro, según el " protoevangelio de Santiago " escrito alrededor del año 150 d.C. que dice que José era un viudo cuando se casó con María). Santiago llegó a ser un discípulo e incluso escribió una carta que fue aceptada después en el canon del Nuevo Testamento. Durante los principios de la Iglesia, él fue la cabeza de la comunidad cristiana judía en Jerusalén, y San Pablo lo reconoció como uno de los "pilares" (Gal 2:9).
Y por supuesto, la madre de Jesús fue otro verdadero creyente de la familia.
Dios tiene a un Santiago y a una María para cada uno de nosotros en nuestra familia o amigos de nuestro pueblo natal. Durante las acusaciones falsas, la irrisión, y el rechazo, nosotros debemos pasar tiempo con estas personas. Ellos pueden identificar nuestros regalos y nuestro llamado de Dios y recordarnos de las buenas verdades acerca de nosotros mismos, no para hacernos orgullosos, sino para construirnos y renovarnos, para favorecernos y hacer lo mejor de nosotros.
Cuando somos confrontados por personas que nos rechazan, en imitación de Cristo, nosotros debemos apartarnos de la situación. Jesús no procuró cambiarlos de opinión repetidas veces. El no insistió que lo escucharan. Tampoco se paro allí y permitió que lo lastimaran. El día llegaría cuando permitiría que ese tipo de personas lo clavaran a una cruz, pero no este día.
Nosotros no queremos sentirnos rechazados. Deseamos que nuestras creencias sean valoradas y sean validadas. Nosotros también deseamos que los demás confíen en nuestra sabiduría para su propio bien. Sin embargo, si ellos no tienen orejas para oír, nosotros sólo estamos perdiendo el tiempo. Dios no ha terminado de prepararlos para aceptar la verdad.
Alejarse no significa necesariamente que nos apartamos de sus vidas. A menudo significa eso, pero cuando estamos casados al escéptico o nosotros trabajamos con incrédulos o estamos en alguna otra manera obligados a permanecer, alejarnos es logrado por una actitud santa. En vez de permitirles que controlen nuestras emociones, nosotros utilizamos nuestras vidas – y no nuestras palabras – para demostrar que tenemos razón.
Verdaderamente, es sólo la opinión de Dios de nosotros la que realmente cuenta. ¡Está bien si otros te juzgan mal, porque DIOS sabe la verdad acerca de ti, y el está muy complacido!