Reflexión de Las Buenas Nuevas
PARA EL PRÓXIMO DOMINGO: 1 de agosto, 2010
Décimo Octavo Domingo del Tiempo Ordinario
Lecturas del Próximo Domingo:
Eclesiástico 1:2; 2:21-23
Salmo 90 :(1) 3-6, 12-14, 17
Colosenses 3:1-5, 9-11
Lucas 12:13-21
Cuando comprendemos la generosidad de Dios, nosotros somos verdaderamente ricos. No importa que tan poco dinero tengamos en el banco, nuestras vidas son ricas en paz – la clase de la paz que nos ayuda en las dificultades y en las batallas con sabiduría y resistencia.
La generosidad de Dios también conduce a bendiciones materiales. Cada bendición material que tenemos viene de Dios. El nos la da por medio de los talentos, capacidades, y estilo de personalidad que el nos ha dado a nosotros. Lo que ganamos por nuestros propios esfuerzos viene originalmente de los esfuerzos de Dios. Dios es la fuente de todo lo que es bueno en nuestras vidas.
Sin embargo, siempre hay un propósito que es más grande que nosotros. Todo de Dios es para bendecir a los demás, también. Somos canales de la generosidad de Dios.
Lo que nosotros tenemos que nosotros nos negamos en compartir llega a ser la causa del pecado. Nos sucumbimos al egoísmo, que es semejante a la avaricia. El problema con la avaricia es que lastima a los demás negándoles lo que Dios quiere compartir con ellos.
¿Qué nos hace vulnerables a este pecado? La independencia. Viene de pensar que podemos confiar únicamente en nosotros mismos y en nuestros propios recursos en vez de unirnos a Dios en la generosidad. Aún cuando reconocemos que Dios ha sido generoso con nosotros, la independencia dice que debemos quedarnos con todo o si no sufriremos malas consecuencias.
Cuando protegemos nuestras vidas almacenando nuestros bienes, otros sufren. En la lectura del Evangelio del próximo domingo, Jesús habla tanto de la avaricia como de la independencia, porque son completamente contrarias a la personalidad de Dios.
La generosidad crece cuando comprendemos que Dios es el proveedor de todo lo bueno y que el continuará proveyendo aún cuando regalamos lo que el nos da a nosotros – especialmente cuando regalamos lo que el nos da. Piensa en lo que tienes en abundancia (sea dinero, la alegría, sabiduría, o lecciones aprendidas por la experiencia, o ________). Ahora mira a tu alrededor. ¿Cómo podrías ser tú la respuesta a las oraciones de alguien más?
Todo lo que pertenece a Dios es nuestro cuando deseamos compartirlo con los demás. Este es el principio económico primario del reino de Dios. El Cuerpo de Cristo prospera sólo cuando hay un cambio continuo de bienes. Llamamos a esto la comunión de santos.
Preguntas para Reflexión Personal:
¿Qué es más difícil para ti de compartir o regalar? ¿Por qué te aferras a ello? ¿Qué tienes miedo que sucederá si lo dejas ir?
Preguntas para Compartir la Fe en Familia y en Comunidad:
¿Por qué nos sentimos más seguros dependiendo de nosotros mismos que en Dios? Da un ejemplo de la generosidad de Dios en tu propia vida. ¿Cómo el compartir esto con los demás hace una diferencia?